Para mí es una costumbre de cada año hacer viajes para conocer lugares de Colombia que no conozco. Hace una semana larga llegué de un viaje que emprendí hacia el sur del departamento del Huila, más exactamente hacia la región de San Agustín y San José de Isnos y al Parque Nacional Natural Cueva de los Guácharos y que hice junto con unos amigos que conozco de Pereira. Antes de viajar hacia cualquier sitio, uno siempre debe documentarse, conseguir datos sobre el mismo y demáses.
Obviamente uno encuentra mucho sobre San Agustín reconocido por su patrimonio cultural para la humanidad y esas cosas. Sin embargo sobre el PNN de los Guácharos, nada se encuentra, nisiquiera cómo acceder al Parque. Y eso que también en los años 80 fue declarado como Reserva de la Biosfera y fue el primer Parque Natural del país.
San Agustín y la región de la cual hace parte posee paisajes muy bonitos, especialmente las cáscadas de Bordones y del Alto de Marañón y el estrecho del río Magdalena (que realmente quedan en el municipio de San José de Isnos). Sin embargo la información que recibí durante mi estancia acerca de todo ese patrimonio cultural presente en San Agusín, me dió la sensación de estar frente a un mito tipo Jeremías Springfield, del que todo el mundo habla, pero nadie tiene certezas acerca de lo que realmente sucedió con la sociedad indígena que habitó e hizo parte de este territorio del Alto Magdalena. Creo que uno puede encontrar más certezas en libros.

Foto panorámica de la Cascada Bordones (Foto: Sebastián Ramírez Arias-2009)
¿Falta de información quizá? ¿Falta de investigaciones? Pienso que el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) debería ponerse más las pilas en generación de información y apoyo a investigaciones al respecto. Además pienso que las visitas guiadas deberían ser cómo más didácticas, que se yo, como que los guías locales no pareciesen recitando una oración o algo así. Y eso que dichos guías ni siquiera son contratados por el ICANH.

Estrecho del Río Magdalena (Foto: Germán A. Quimbayo-2009)
Finalmente nos llamó mucho la atención a mis amigos y a mí, que pese a todo ese potencial existente en la región, y a la cierta organización de los operadores turísticos locales, pareciese que la población de San Agustín (la gente residente) no estuviese empapada culturalmente del patrimonio que se encuentra en su territorio. Nos atrevimos a pensar (y con mucho respeto lo digo) que San Agustín sin su parque arqueológico ni con el Alto de los Ídolos y los atractivos de San José de Isnos, sería un pueblo más. Lastimósamente esa fue la sensación que se nos generó.

Figura en el Parque Arqueológico de San Agustín (Foto: Germán A. Quimbayo-2009)
Ahora bien, el camino hacia el PNN Los Guácharos no fué tan fácil. Para ser sinceros, mis amigos y yo nos fuimos de arriesgados a ver cómo era la movida, teniendo en cuenta que en la oficina de la Unidad de Parques Nacionales Naturales en Bogotá nunca nos dieron razón sobre qué tipo de servicios o de acompañamiento nos brindarían en nuestra estancia en el Parque. Además la información de la página web de esta entidad es pésima, por no decir que nula.
Rebuscando contactos en Pitalito y en otros lugares por información, nos llegaron como 25 versiones de cómo llegar. Ya nosotros no sabíamos que hacer. Pero nuestro espíritu (o inocencia, ¿quizá?) hicieron que tomaramos rumbo hacia el parque sin saber donde nos quedaríamos para dormir, en donde podíamos comer y cómo llegaríamos al Parque. El destino pareció confabularse con nosotros. Hasta que no fue que llegamos al municipio de Palestina en el Huila (uno de los accesos al parque, el más fácil), no supimos cómo era la forma correcta de llegar. En esta población no hay hoteles, pero si una modesta oficina de la Unidad de Parques (por fin!) en donde varios funcionarios nos dieron información sobre donde quedarnos y de cómo llegar a nuestro destino.
Finalmente nos quedamos en una casa de campo de una señora que aspira promover su terruño como un lugar turístico y eco-turístico, especialmente para recibir viajeros como nosotros. Ojalá que a esta señora y a otros habitantes de la zona amortiguadora del parque los apoyen de alguna forma con proyectos de turismo y dedesarrollo rural local. Ella (doña Deisy) nos ayudó a conseguir transporte hasta el comienzo del camino hacia el parque, en donde se nos sugirió contratar un señor con mulas para llevar nuestro equipaje, signo de que el camino no era muy bueno. Entre 4 a 5 horas a pie desde la vereda La Mensura del municipio de Palestina. Y el regreso puede ser más duro aún y más si el clima lo permite. Se sugire llevar botas pantaneras, ropa adecuada y muy buena actitud.

Aviso de bienvenida al Parque Nacional Cueva de los Guácharos (Foto: Germán A. Quimbayo-2009)
Pese al gran esfuerzo que nos representó ir al Parque, valió la pena. Es un lugar espectacular y definitivamente es un sitio estratégico para la conservación de la biodiversidad, pues se encuentra en medio de dos zonas claves: la cuenca alta del río Magadalena y el Piedemonte Amazónico. Tiene conectividad ecológica con otros dos PNN, Alto Fragua Indi-Wasi y la Serranía de los Churumbelos, conformando todo un corredor biológico en excepcional estado de conservación, en donde se encuentran tres tipos de ecosistemas: bosque subandino, bosque andino y páramo. Sin embargo dicha franja boscosa se encuentra amenazada en su zona amortiguadora (especialmente la del lado del Huila) por la deforestación y el avance de la frontera agrícola tal y como lo pudimos corroborar en nuestro viaje.

Deforestación para ampliar frontera agrícola en la zona amortiguadora del parque (Foto: Germán A. Quimbayo-2009)
Vale la pena mencionar que esta área cuenta con la abundante presencia de una especie muy rara en Colombia, llamada roble negro (Colombobalanus excelsa) y de varias especies de aves en donde se destaca el gallito de roca (Rupicola peruviana) y varios mamíferos, entre ellos primates como mis queridos monos aulladores (Alouatta seniculus), churucos (Lagothrix lagothricha lugens) y maiceros (Cebus apella). Aunque solo pude escuchar a los aulladores :’( y algo me dice que si estos primates están, no se sabe a ciencia cierta cuál será su estado poblacional.
Y por supuesto el gran atractivo del parque son sus cuevas formadas por la acción del Río Suaza, sus afluentes y la acción del agua superficial y subterránea por millones de años. Existen cuatro de las más importantes cuevas presentes en el parque: El Indio en donde se ven las formaciones calcáreas de estalactitas, estalagmitas y columnares, además de murciélagos y las llamadas arañas pocock (que no son arañas como las que usualmente conocemos son amblipígidos); la otra cueva la de los Guácharos en donde se encuentra la única ave frugívora nocturna del mundo y que le da el nombre a este parque, el guácharo (Steatornis caripensis) que todas las noches hace su peregrinaje hacia el Caquetá a buscar su alimento que es la palma milpesos. De verdad, es una experiencia única entrar a esta cueva. No lo puedo describir acá. Ahí les dejo la inquietud. Las otras cuevas son la del Hoyo y el Cuadro de menor tamaño que las anteriores.

Formación calcárea El Monje, en la cueva del Indio (Foto: Sebastián Ramirez Arias-2009)

Detalle de la formación El Pesebre-Cueva del Indio (Foto: Sebastián Ramírez Arias-2009)

Río Suaza a su entrada a la cueva de los Guácharos (Foto: Sebastián Ramírez Arias-2009)

Cueva de los Guácharos (Foto: Sebastián Ramírez Arias-2009)

Araña de Pocock (Amblipígido) en la cueva del Indio (Foto: Sebastián Ramírez Arias-2009)

Formación de erosión karstica hecha por el río Suaza llamada el Lapiaz. (Foto: Sebastián Ramírez Arias-2009)
Pero contrastado con esta satisfacción hubo varios detalles en nuestra corta estancia en el refugio del parque. El costo por la quedada nos pareció muy alto teniendo en cuenta que no hay energía eléctrica ni comida (uno tiene que llevarla y prepararla). Claro, es cierto que el lugar es lejano y esas cosas y lo que representa mantener cierto personal en esta área, pero de verdad nos pareció escandaloso pagar por dos noches 32 mil pesos por persona durmiendo la primera noche en carpa y la segunda (por generosidad de un funcionario del Parque en vista del lluvioso clima en las noches) en un improvisado cuarto en una cabaña que al parecer fue diseñada para un laboratorio. Pero es obvio que nos sorprendió, pues no fué sino hasta que llegamos allá que nos enteramos de estos costos. Eso sin sumar los costos del tranporte en carro y mula y la inversión “en piernas” para llegar hasta allá.
En términos generales este períplo aparte de ofrecerme un descanso (más espiritual-mental que físico) me brindó la oportunidad de reflexionar sobre dos cosas: (1) que en Colombia no se sabe hacer turismo (sí, el agua moja) y menos el mentado ecoturismo y (2) la forma en como cada uno de nosotros como habitantes de un país como Colombia valora el patrimonio ecológico y cultural de su territorio, es decir, de qué forma nos apropiamos de dicho valor.

Vista del Parque Cueva de los Guácharos (Sector de las cuevas) (Foto: Germán A. Quimbayo-2009)
Finalmente pienso que para los lugares que sean Parques Arqueológicos o Ecológicos, es decir, que sean áreas protegidas propiamente dichas ya sea por su valor natural o cultural, deben tener una infraestructura mínima, estrategias de dilvulgación y gestión en donde los habitantes locales tengan una activa e incidente participación, además de contar con personal que esté en la capacidad de generar conocimiento de estos sitios a través de proyectos y ejercicios de investigación que permitan dar eficacia y contundencia a las estrategias de conservación.
No es posible tener 2 o 3 personas que eso sí, con muy buena intención, estén guerreando solos contra el mundo para ofrecer un servicio mínimo para que personas tanto de la región como turistas, puedan llevarse no solo un mensaje de conservación sino de re-encuentro con esos valores que nuestro país tiene y que por ignonimia, desaparecen de a poquitos. Ojalá este tema no siga siendo un canto a la bandera, pues estamos muy crudos, muy pero muy crudos. Y así queremos que nuestro país se precie de tener un patrimonio cultural y natural único. Ajá.
Bueno ya me extendí mucho, pero no puedo terminar sin recordar desde acá a mis compañeros de viaje Sebastián (gracias hermano por las fotos!), Jeison y Andrea y al amable recibimiento en Pitalito de Ana María y la familia Correa.
Saludos y bueno, espero comentarios.
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Adenda: Ya me enteré la semana que pasó de que finalmente salió el proyecto de ley de ecología. Al parecer no sirvieron de nada los derechos de petición ni las observaciones hechas. Estaremos pendientes a ver que sucede. Gracias a Oscar, Jose Manuel y Carolina por mantenerme al tanto.