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Una tarea difícil, pero posible

enero 12, 2012

No es fácil mantener una línea editorial o una columna regular sobre temas ambientales. De hecho yo dejé de hacerlo de esa manera (incluyendo a este blog), no solo porque no tuve más tiempo para hacerlo, sino porque también sentí que estaba escribiendo siempre de lo mismo; como si se tratara de una eterna y constante queja. Pero eso es asunto aparte.

El mes pasado el “Blog verde” del portal La Silla Vacía, manifestó no seguir más. Coincido con muchos de los motivos que expone Brigitte Baptiste en la nota de despedida, porque los he sentido de una u otra forma también. Por supuesto, ahí se incluyen motivos (apenas comprensibles) como la falta de tiempo para mantener un espacio de ese tipo en pie y de manera regular, en medio de las diversas ocupaciones que nos consumen la vida.

Al margen de ese cierre, creo que el “Blog verde” logró el propósito de poner sobre la mesa discusiones importantes sobre la actualidad ambiental colombiana, generalmente a cargo de voces expertas en el tema, pero permitiendo que un público más amplio no solo se informara, sino que fuera parte activa de las discusiones. En ese sentido, el “Blog Verde” se constituyó en una buena experiencia de información y debate ambiental, que dejó a un público sensibilizado e informado. Sin embargo, creo que se sentirá su ausencia ¿Por qué?

Uno ve que el tema ambiental se ha posicionado en varios medios de comunicación (incluyendo el Internet), lo cual es algo muy bueno. Pero muchos de los problemas y conflictos, persisten. Además, aún no existe una opinión pública mínimamente informada sobre el asunto ambiental. El ejemplo más claro a lo que me estoy refiriendo, son los efectos que el cambio climático está teniendo sobre el territorio colombiano y su relación con asuntos históricos de ordenamiento social y político. Todo este fenómeno ha sido minimizado en su complejidad socio-ecológica con un desafortunado eufemismo: “ola invernal”.

Esto me llevó a preguntarme: ¿Sólo se necesitan de voces expertas para promover el debate en temáticas ambientales? ¿Qué tipo de espacios complementarían estos debates? Intentaré responder estos interrogantes ilustrando un par de ejemplos.

Espacios en los medios de comunicación como Planeta Caracol y Vida RCN (por solo nombrar dos), abordan asuntos ambientales. Sin embargo, y pese a la buena intención de estas producciones, me choca el manejo de la información con esa concepción romántica, light y algo higiénica sobre lo ambiental, que es lo “ecológico” o “lo verde”, claro está. En contraste, La Radio Nacional de Colombia, le han apostado al tema de manera decidida, así se refieran a “hablemos de ecología”, cuando deberían referirse al “tema ambiental”. Pero indudablemente, cabe resaltar lo que ha hecho la Agencia de Noticias de la Universidad Nacional de Colombia, en donde se ha logrado informar desde una perspectiva más integral los temas, incluso recurriendo al apoyo de reconocidos investigadores ambientalistas. Pero éste último caso, es más una excepción a la regla.

¿Acaso es difícil comunicar, describir y asimilar la complejidad de las problemáticas ambientales y su vínculo con fenómenos naturales (p. ej. Terremotos, tsunamis, etc.) ? ¿Será que la inmediatez de la información con la que se informa a la gente la abruma? Primero, no hay que abusar de la superficialidad, ni menos de la técnica. Es decir, la gente no debe porqué convertirse en un experto ambientalista, pero tampoco se le debe limitar el acceso a la información. Segundo, usualmente cuando la información es producida por ambientalistas, se cae en un fatalismo que no permite ver las oportunidades que representan también, muchos conflictos ambientales. Esto hace que la gente en vez de tomar acción, se abrume y no haga nada.

En Colombia existen muchas instituciones, personas o colectivos de gente, haciendo cosas interesantes. En una época en donde nos encontramos hiper-conectados, llenos de información, paradójicamente el problema ha sido encontrar un punto de convergencia de todos esos ánimos e iniciativas. Ejercicios como el periodismo ambiental, el crowdsourcing, mapeos y cartografías, entre muchos más, brindan un potencial para integrar muchos tipos de conocimiento sobre lo ambiental, y que logren llegar de manera masiva a la gente.

Sé que lo que estoy planteando es algo difícil en un país como Colombia donde, por un lado, los medios de comunicación se encuentran mediados por fuertes intereses económicos y políticos; y por otro, las organizaciones sociales, los movimientos ciudadanos y la academia, se encuentran tan distanciados entre sí, pese a tener objetivos comunes. Encontrar los lazos que unan intereses para lograr no solamente debatir, sino tomar acciones en el tema ambiental, es el reto. Ojalá eso se dé, para que personas como yo, también encuentren más motivos para seguir escribiendo.

Comodines, supersticiones y realidades

enero 10, 2011
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El año 2010 marcó la partida de dos grandes personajes: Thomas van der Hammen y Augusto Ángel. Ambos, a lo largo de sus carreras, ayudaron a la promoción y reflexión sobre la complejidad ambiental que representa la realidad colombiana. En ella existe una íntima e inseparable historia de la relación naturaleza-sociedad en cada punto de la geografía colombiana, y que explica el desarrollo de la sociedad colombiana con su entorno. Por tal razón el gran aporte que nos dejaron este par de personajes, fue el de abrir y promover espacios de discusión sobre asuntos sociales, políticos y culturales de Colombia, en donde la dimensión ambiental estuviese inmersa. Paz en la tumba de ambos.

Inicia este 2011 marcado por una “emergencia invernal” y el país en un estado de excepción y de “emergencia ecológica, social y económica”, debido al impacto del fenómeno de la Niña, cuyos efectos irán hasta la mitad de este año que apenas inicia. Pese al evidente drama que han vivido miles de colombianos, este suceso lo único que ha hecho es mostrar que la llovedera y un supuesto castigo de San Pedro a los colombianos, no son las únicas razones por la que existe esa emergencia invernal. El origen de esta situación atiende a diversos procesos de transformación del ambiente, entre ellos, la deforestación y el uso insostenible de la tierra y los sistemas hídricos. A este país le ha quedado grande hacer un acuerdo social de ordenamiento territorial acorde a su historia ambiental, y por ende, acorde también a su condición socio-ecológica actual y futura. Se suma a ello lo vulnerable que es Colombia frente a eventos como terremotos, inundaciones, etc., y adaptarse de la mejor manera frente a estas situaciones. No solo basta con atender eficazmente las emergencias, sino con  prevenir, mitigar y adaptarse a las nuevas condiciones.

En este contexto emerge una paradójica percepción que se tiene sobre Colombia por parte de la opinión pública, y en especial caso, de sus líderes políticos (comenzando por el mismísimo Presidente de la República) y se resume de esta manera: país “megadiverso” del cual hay que sentirse orgulloso aunque no se tenga idea de lo que esto representa. A eso se suma la creencia que su “accidentada geografía” y los “caprichos” de su naturaleza asociada, el país está condenado al “sub-desarrollo” y que así no se logre el anhelado “progreso”. Así, tal cual es el pensamiento que marca a este país con la relación naturaleza-sociedad

Como el tema ambiental anda tan de moda, ahora todo el mundo hace “responsabilidad social ambiental” aunque curiosamente la naturaleza sigue siendo “caprichosa” e “indomable”, despiadada con los pobres y arrasadora con los esfuerzos de emprender “progreso” y “competitividad”. De esta manera se olvida que los problemas ambientales, en realidad, son conflictos sociales y políticos. Los ecosistemas, el agua y la biodiversidad se convierten así en “nociones comodín” que varían su esencia (sin son “buenas o malas”) dependiendo de la conveniencia o pretexto del momento.

En la actual coyuntura en donde ahora el cambio climático (sin negar que efectivamente es un fenómeno que existe y que la especie humana lo ha trastocado) también es otra “noción comodín” y sirve de única explicación -y excusa- a todos los problemas socio-ambientales. Al respecto se debaten supersticiones en torno a la relación naturaleza-sociedad sin tener en cuenta que estas no solo atañen a un “indigenismo ecológico trasnochado”, sino que dichas supersticiones también se ejercen, con otros lenguajes y prácticas, desde la ciencia y la tecnocracia. Al respecto me parecen sensatas las palabras de la nueva directora del Instituto Alexander von Humboldt, Brigitte Baptiste (qué ojalá la dejen trabajar), en una entrevista hecha por El Espectador respecto a la actual situación que vive el país:

Existen muchos desafíos ecológicos, ¿cree que es hora de escuchar a los saberes tradicionales o apostar por la ciencia y tecnología de punta?

Hay que combinarlos. El conocimiento tradicional solo no nos servirá mucho, porque las condiciones del mundo han cambiado radicalmente. Hay que interpretarlo desde el punto de vista ético. Hay unos preceptos y principios de respeto y convivencia con la naturaleza muy valiosos. Pero también necesitamos adaptarnos ingeniosamente a lo que viene.

Junto a esto que afirma Baptiste, complemento que lo mejor que puede hacer la sociedad colombiana es reconocer primero la historia ambiental de su territorio y cuál es su escenario actual, teniendo en cuenta que la geografía colombiana se enfrenta a procesos e incertidumbres de tipo ecológico, social y político (incluyendo conflicto armado) que se desenvuelven e interactúan en múltiples escalas espaciales y temporales a niveles locales y globales.

Mientras tanto el Gobierno nacional pretende establecer un gran y ambicioso plan de “reconstrucción”. Sin desconocer las buenas intenciones que estos megaproyectos puedan tener, la verdad caen en la falacia de intentar cristalizar esa idea que llaman “progreso”, a través de la construcción de infraestructura y estrategias de desarrollo cuyo enfoque y manejo hacen parte del modelo económico que precisamente ha generado y profundizado los problemas y conflictos ambientales.

Sobre el modelo económico, Baptiste nuevamente nos recuerda en la citada entrevista:

¿En qué medida el modelo económico de Colombia está en armonía con el desarrollo sostenible?

Creo que estamos en el camino. La realidad del último año nos ha golpeado muy fuerte. Son desastres acumulados que están obligando a la economía y a la política, que sienten los efectos, a que repiensen las cosas. Pero va a costar un tiempo. Hay sectores que tienen mucha fe en los equilibrios del mercado, creen que son suficientes, pero no es cierto. En términos ambientales, los equilibrios de mercado llegan tarde.

Y aquí vendrán quienes digan ¿desarrollo económico o ecología? Brindaré un solo ejemplo al respecto sobre el manejo de bosques (2011 es el año internacional de los bosques). Juan Camilo Cárdenas, reconocido docente e investigador, afirmó hace poco también en El Espectador que:

“Definitivamente si no se conectan las políticas de bosques con las de tierras, agua, minería e infraestructura, seguiremos en la trampa de no poder incidir en las acciones que se necesitan en el largo plazo para poder reducir, por ejemplo, los impactos de las inundaciones”

Para resumir, Baptiste y Cárdenas de cierta manera nos sugieren que los asuntos de economía, ambiente y sociedad no se pueden seguir mirando de forma aislada y separada. En este orden de ideas, ojalá que el Ministerio de Ambiente se dedique a hacer cosas más importantes que melifluos pronunciamientos o hacer entregas de ayuda y más bien jugársela para que en la formulación del Plan Nacional de Desarrollo, se aborde una dimensión ambiental para desarrollo del país de manera concreta y palpable, incluyendo zonas urbanas o en la región Andina ya que el “futuro del planeta” no solo está en el Amazonas o el Pacífico. Finalmente, es importante que el ambientalismo de este país de una vez por todas se ponga las pilas en generar mayor conocimiento, en vez de contribuir a que existan más ruidos y supersticiones.

¡Saludos!

 

PD: Precisamente mi labor como ambientalista no se reduce a lo que digo en este blog, del cual estaré aún más ausente por este año. Estaré culminando mi investigación y disertación en geografía este año sobre ecología política y cambio de paisaje en un importante parque ecológico en Bogotá, lo cual consumirá buena parte de mi tiempo. Espero poder compartir en algún momento por acá o por otros espacios dicha experiencia investigativa. Nos estaremos leyendo.

 

Las calenturas

octubre 29, 2010

Vuelvo a escribir por estos lares una vez más con otra preocupación (sí, reconozco que vivo preocupado por muchas cosas) que me ha rondado por estos días. Viendo todo el movimiento e interés entorno al asunto de la minería, los grandes proyectos mineros (y lo de las regalías),  ¿donde quedó la preocupación por los bosques, el agua como derecho fundamental, el avance crítico de proyectos como los agrocombustibles o la entrada de cultivos transgénicos, la defensa de los parques nacionales, el insostenible crecimiento de nuestras ciudades, el cambio climático o el impacto de la guerra antidrogas en las selvas colombianas?

No con esta preocupación quiero minimizar el problema que ya se nos está viniendo “pierna arriba” con el tema minero, ampliamente discutido incluso por este servirdor quien tuvo la oportunidad de colaborar en dos escritos para la Revista Supuestos (uno por acá hecho a cuatro manos y el otro aún no lo han colgado en la Web está en este archivo). Sin embargo, si me llama la atención que los ambientalistas orientemos nuestra agenda con temas “de moda” o en boga, mientras asuntos más complejos aún avanzan y no siguen siendo discutidos no solo en circulos especializados, sino en la opinión pública en general.

En ese sentido pensaría que nuestra ética no es coherente porque nos preocupamos por momentos de una  sola parte del problema, dejando de lado que todas esas preocupaciones están ligadas a procesos de transformación y control del ambiente relacionados a un modelo de desarrollo ecológica y socialmente desigual, cuyos efectos van en detrimento no solo de la calidad de los ecosistemas, sino de nuestra propia calidad de vida como seres humanos. Hace poco planteaba en otro escrito, que las preocupaciones y los problemas ambientales son asuntos que nos cuestionan como nos relacionamos no solo con nuestro entorno, sino ente nosotros, como “socionaturaleza” que distinga la otredad, la diversidad y la complejidad. Entonces me pregunto, ¿acaso los grandes conflictos ambientales son como bonanzas mineras? ¿Fugaces?

De razón a los ambientalistas a veces nos creen unos terroristas verdes. Yo creo que lo más importante es seguir movilizándose siempre por el ambiente hacia todos sus componentes y en toda su complejidad, pensando en diversas escalas espaciales y temporales en donde se manifiesta ese modelo de desarrollo desigual al cual me refiero.  No todo es malo. Es muy meritorio e interesante el ejercicio que ha hecho este año el equipo encargado en el Instituto Alexander von Humboldt de organizar los eventos y charlas en la conmemoración del año internacional de la biodiversidad, en donde se ha relacionado la biodiversidad con múltiples aspectos y miradas o el esfuerzo que se está haciendo del Congreso de Ciencias Ambientales.

Sin embargo, la calentura y pasión de la discusión de los “temas de moda” también hace que nos enfrasquemos en discusiones ante todo esencialistas (naturaleza = bueno / desarrollo económico = malo) y no se profundice en la investigación y recopilación de información básica para monitorear y debatir sobre los temas ambientales. Discutiendo bajo supuestos. En síntesis, estamos haciéndo un juego de idiotas útiles. No desaprovechomos el impulso y los espacios ya ganados. A lo bien, por vivir de calenturas es que no nos toman en serio.

Una esperanza rabiosa

junio 22, 2010

“…ya no importa ser de izquierda o de derecha, sino que estamos todos PUTAMENTE equivocados…”  Dilson Díaz (vía @tangersoto en Twitter).

En este momento decir cualquier cosa sobre el resultado de las elecciones presidenciales en Colombia es, literalmente, llover sobre mojado. El miedo y el conformismo jodieron hace rato a este país. Pero creo que tuve una especie de “revelación”.  Sin negar todo lo que representa Juan Manuel Santos y lo que le rodea, es un hecho (nos guste o no) que es el nuevo Presidente de Colombia. Y no es que esté saltando de la dicha o algo por el estilo, pero vale la pena preguntarse: ¿Hicimos algo antes para evitar que todo esto se diera? ¿Verdaderamente nos propusimos a pensar en alternativas concretas para vivir en un país más “decente”? ¿Somos capaces de emprenderlas? Realmente NO.

La esperanza de un verdadero cambio nunca ha estado presente en un pueblo como el colombiano en donde la razón es lo último que se tiene en cuenta para emprender algo serio, como por ejemplo un proyecto de sociedad en donde todos quepamos y en donde cada uno se sienta mínimamente cómodo y representado. Esperamos más bien a que ocurra un milagro o que venga un mesías y nos arregle todo, así como si nada sin resolver cosas urgentes, fundamentales y prioritarias. La degradación social, cultural y política que se esconde detrás de ese falso optimismo y brillantez del país de la “pasión”, la seguridad democrática y la confianza inversionista, no es más que el fruto de un acumulado de problemas y conflictos no resueltos, de impunidad y ante todo de olvido. Pero también es el resultado de nuestra desidia frente al verdadero sentido de la política.

Decimos que nos repugna la política y que es aburrida, pero, cómo nos encanta el chismorreo, la banalidad y la calentura electoral ¿cierto? Para nosotros la política solo sigue siendo politiquería y cultura mafiosa, esa que se tomó hace rato el poder en el país. Esa desidia frente al verdadero sentido de la política, el cual propone y promueve espacios para vivir en una sociedad libre y autónoma, ha hecho que se legitime algo que al establecimiento de este país le conviene conservar: la democracia electorera. Esa que es tan conveniente para decir que somos la democracia más fuerte y antigua del continente pero con un país lleno de inequidad, injusticias y con uno de los conflictos armados sin resolver más viejos del mundo.

Hay cosas más importantes que las elecciones, la repartija burocrática, la demagogia, el populismo y los sectarismos de derecha, izquierda (y también “centro”). La sociedad y sus actos políticos deben representar y ejercer el poder de llevar a cabo nuestras vidas de la mejor forma y sin joder a los demás, es decir, ganarse los espacios políticos, pero de otra forma, incluso hasta divertida. Esa es la gran lección de todo esto que está sucediendo con  nuestra política nacional doméstica. Entonces propongo que hagamos política bajo otros lenguajes y espacios: la música, las letras y otras expresiones culturales, la investigación y la generación de conocimiento, tanto del académico como de quien tenga la experiencia de “la escuela de la vida”. Ojo, no estoy diciendo que carguemos de ideología todos estos asuntos, sino que les brindemos más importancia, más cabida en nuestra sociedad, que sean nuestras herramientas políticas y cimiento de una sociedad más alegre y ante todo tranquila. Clamemos por ellos todos los días, jodamos!

Para el caso más cercano a mis intereses (y los de este blog), retomar la dimensión ambiental en nuestra cotidianeidad es de por sí suficiente acto político. No hay que buscar con arrogancia manejar, gestionar o dominar la naturaleza no humana, sino poder comprender y convivir con ella, que nos haga mejores seres humanos. Dejemos de lado tanta técnica y tanta ley inoperante, tanta buena intención, hay que darle una “voz” política a esa naturaleza o sino volteemos a mirar lo que pasó en el Golfo de México con el desastroso derrame de petróleo. La naturaleza también pasa cuenta de cobro y nos la pasa con muchos intereses.

Pero volviendo al asunto, sí, a mi también me asusta esa tal “Unidad Nacional”, pero tampoco me voy a paralizar y quedarme lamentándome por ello. No vale la pena seguirlo haciendo por algo que ya sabíamos iba a pasar y no hicimos lo suficiente para evitar. Me asusta más la incapacidad de quedarnos lamentándonos y decir que hasta acá todo llegó. Al contrario, creo que hay que tomar nuevos bríos y será la oportunidad de ver de que está hecho verdaderamente este país: de valor o de mierda. Por lo menos hay que intentarlo una vez más y por qué no, ver con que sale este nuevo gobierno pues así esto se proclame el proyecto de “Unidad Nacional”, Santos no es Uribe. El camino es aún largo y nos deparará incertidumbres pero quizá también oportunidades.

Vamos, sigamos denunciando injusticias pero no cayendo en el anzuelo del sectarismo, el revanchismo y el odio. No alimentemos con nuestro odio el “Mega-Troll” que representan esos mezquinos líderes montados en el poder. Aprovechemos mejor nuestras energías. Por eso desde ahora espero mantener una esperanza vivita, una esperanza rabiosa e inteligente en donde cada uno de nosotros desde nuestros actos cotidianos hagamos política y seamos seres inconformes, pero felices y sin miedo. Este es el mejor cimiento para conformar en el tiempo verdaderos movimientos y procesos políticos a partir de lo bueno que tiene la vida. No de calenturas, falsos mesías o proyectos sin ningún tipo de ambición. Sí, hemos estado muuy equivocados, pero quizá la respuesta esté en nosotros.

¿Alguien más me quiere acompañar con mi esperanza rabiosa?

Biodiversidad

mayo 22, 2010

BIODIVERSIDAD

“La diversidad biológica, o biodiversidad, es el término por el que se hace referencia a la amplia variedad de seres vivos sobre la Tierra y los patrones naturales que conforma. La diversidad biológica que observamos hoy es el fruto de miles de millones de años de evolución, moldeada por procesos naturales y, cada vez más, por la influencia del ser humano. Esta diversidad forma la red vital de la cual somos parte integrante y de la cual tanto dependemos” (Definición del CDB)

La biodiversidad como noción y concepto en boga por estas épocas, reconoce la existencia de todas las formas y variaciones de vida presentes en el Planeta y su relación con la sociedad (que también es vida) y viceversa. Sin negar esa diversidad y complejidad real y física, este concepto es otra construcción social y política de la naturaleza, cuyo efecto se plasma  a través de prácticas  como el manejo, uso o transformación de esa diversidad de vida para nuestro beneficio. Dichas prácticas surgen de ideas que tenemos todos sobre la biodiversidad y la naturaleza.

Comparto estas nubes de tags, sobre discurso oficial de la biodiversidad y las ideas que se relacionan con la misma. Quizá se lleven varias sorpresas.

Esta nube de tags, habla sobre el discurso oficial internacional de la biodiversidad. (Generado por wordle. Fuentes: Documentos colombianos e internacionales sobre biodiversidad, consultados y recuperados principalmente de la Web desde el sitio de la portada “2010 Colombia” ).

Esta otra nube de tags, habla sobre unos documentos de discusión sobre la política  nacional de biodiversidad, (Generado por wordle. Fuentes: recuperado del mismo portal. Aquí la fuente).

¿Será claro el concepto biodiversidad y cómo se relaciona con el resto de actividades de la sociedad?

¿Será claro para el ciudadano común comprender la importancia de conservar la biodiversidad?

Saludos y como siempre, chévere tener comentarios sobre estas ideas.

MEDIO AMBIENTE, DESARROLLO Y POLÍTICA II*

mayo 4, 2010

*Nombre inspirado en un seminario que tomé en el segundo semestre de 2009 con Carlos Tapia.

Candidatos presidenciales y el asunto ambiental: Colombia 2010

Me uno al siguiente reclamo hecho por varios ambientalistas de diversas procedencias e ideologías en Colombia: ¿Por qué tanto en los debates políticos como en sus propuestas y programas de gobierno, los candidatos presidenciales no hacen fuerte referencia a las “preocupaciones ambientales”? Para mí, quizá, se deba a que estos temas siguen siendo discutidos en una esfera abstracta, nebulosa y ante todo muy técnica para el resto de la opinión pública, quien finalmente es la que debe exigir planteamientos de fondo sobre el tema ambiental a quienes están llamados a liderar un país.

En esto tenemos mucha responsabilidad los ambientalistas, especialmente los académicos, en hacer notar que una “dimensión ambiental del desarrollo”, permitiría re-ubicar a la naturaleza en la noción de nuestras vidas, pues ella permite satisfacer cosas básicas como alimentarnos, respirar y un gran etc. Sin embargo, tampoco existe una preocupación por estos temas debido al precario nivel del debate político característico en este país y a las “prioridades” que se manejan en la opinión pública, en donde la dimensión ambiental brilla por su ausencia.

Pese a que existen muchas preocupaciones en torno a la agenda política ambiental, aún las mayores preocupaciones no han sido abordadas de forma concreta. Propongo así y sin importar su orden de importancia, varios temas álgidos e importantes para el país en este momento y que ni siquiera son tocados en los debates políticos: (1) Manejo y conservación de la biodiversidad; (2) cambio climático; (3) “boom” de megaproyectos mineros; (4) institucionalidad ambiental; (5) agua y (6) ordenamiento territorial.

Entrados en gastos, comentaré sobre cómo los actuales candidatos a la presidencia manejan estos temas ambientales. Aparte de las declaraciones ante distintos medios de comunicación y algunos apuntes en sus programas de gobierno, recurriré en buena medida al trabajo que hizo la revista Catorce 6 hace unos semanas con los candidatos presidenciales denominado ¿Qué propone usted para el ambiente?, que pese a no tratar enfáticamente los asuntos que enuncié, es un buen termómetro.

En primera instancia debo referirme a las propuestas en términos generales de Juan Manuel Santos, Noemí Sanín y Germán Vargas Lleras. ¿Qué proponen estos candidatos frente a los temas ambientales? NADA. Sí, eso. No me voy a desgastar ni a elaborar análisis innecesarios en donde no hay ningún tipo de propuestas concretas. Precisamente lo que hacen estos candidatos es reafirmar esa visión de que los temas ambientales no son más que un apartado “discursivo-cosmético” en sus programas de gobierno.

De otro lado, no me referiré a los invisibilizados Jairo Enrique Calderón y Robinson Devia ya que, o no tienen propuestas concretas o simplemente la información sobre las mismas no la encontré. Quizá Jaime Araujo Rentería menciona una propuesta de “paz con la naturaleza”, que sin embargo, sigue siendo muy abstracta y poco concreta. Finalmente, los candidatos restantes, Gustavo Petro, Antanas Mockus y Rafael Pardo, han hecho algunas propuestas interesantes que aún no han tenido el suficiente eco y que merecen ser analizadas tenidas en cuenta. En ese sentido, volvamos a los temas puestos sobre la mesa. Veamos.

Ninguno de los candidatos ha hecho un énfasis específico en el tema de la biodiversidad. Justamente este 2010 es el año internacional de la biodiversidad y pese a los esfuerzos que ha desarrollado el Instituto Alexander von Humboldt en promover el tema, aún no se ha establecido una política clara de cómo el país debe defender eso que lo hace un “país megadiverso”. Hay que recordar que la biodiversidad y su agenda política, establecen que las distintas formas de vida y sus “ensamblajes” (individuos y comunidades de plantas, animales, seres humanos y sus ecosistemas asociados, etc.) son un valor agregado no solo para la vida misma, sino para el desarrollo social, económico y cultural de un territorio a través de distintas estrategias (áreas protegidas, áreas de manejo social y comunitario de la biodiversidad, etc.).

Por su parte, en el asunto de cambio climático, Rafael Pardo hace una propuesta en conformar una consejería para el cambio climático, que se ocupe de afrontar estos temas y cómo el país debe enfrentar riesgos frente a este fenómeno. Sin embargo, aún falta analizar con mayor profundidad la adaptación y manejo de riesgos climáticos que están afectando el territorio colombiano. Además ni siquiera se ha puesto en discusión, en términos de política pública, aspectos abordados en la última conferencia llevada a cabo en Copenhague.

De otro lado, Colombia actualmente vive un “boom” minero. El futuro impacto de megaproyectos mineros de oro y carbón está generando unas expectativas importantes para la generación de capital y desarrollo de inversión extranjera en el país, iniciativas apoyadas fuertemente por el Gobierno nacional. Sin embargo, y como afirma Juan Pablo Ruiz-Soto, es una falacia pensar que existe una “minería-sostenible”. La minería es reconocida por ser una de las actividades que generan más inequidades sociales y ecológicas, teniendo en cuenta también que los recursos mineros son finitos y no renovables. Es decir, hablar de minería a gran escala en Colombia, es hablar de una actividad que a futuro y si no se toman las medidas suficientes, traerá más impactos negativos que positivos.

En el tema minero, de todos los candidatos se destacan Gustavo Petro y Antanas Mockus. El primero tiene una fuerte oposición en donde el candidato afirma: “las condiciones especiales del país y sus ecosistemas son muy diferentes a otros países que adelantan vastos proyectos mineros. Si esos proyectos representan peligro para la naturaleza y el hombre, no dudare en desecharlos”. Es decir, el modelo minero que se promueve actualmente en el país no es compatible con un territorio ecológicamente complejo como el colombiano. En eso Petro tiene claro el asunto.

Sin embargo, tampoco se puede eliminar la minería del todo y retomando a Ruíz-Soto: “El efecto de la minería depende de cómo se realice la actividad y cómo se enmarque en una propuesta de política económica y social de largo plazo. Dado que los recursos mineros al ser explotados se agotan, los beneficios de su explotación deben programarse a largo plazo”. En otras palabras, debe existir una compensación social y ecológica por hacer minería. En este orden de ideas, los planteamientos de Antanas Mockus van en esa dirección: “Buscaré nuevos sistemas de explotación, mecanismos de mitigación y compensación del impacto ambiental”. Como vemos, la minería es un tema delicado.

De otro lado el manejo del tema de la institucionalidad ambiental referente al Sistema Nacional Ambiental o SINA, que encabeza el Ministerio de Ambiente Vivienda y Desarrollo Territorial, ha sido uno de los temas más criticados a la administración Uribe. Autores como Henry Mance y el ex-ministro de ambiente Manuel Rodríguez Becerra, han analizado la voluntad política expresada tanto en los Planes de Desarrollo como en el accionar del Ministerio de Ambiente durante el último tiempo. Estos no han correspondido a esa agenda de la “dimensión ambiental del desarrollo”. La razón principal de ello ha sido el cambio del Ministerio de Ambiente a viceministerio subordinándolo a temas de vivienda y desarrollo, que ha significado una reducción en la capacidad de gestión sectorial y liderazgo político y técnico. Ha esto se ha sumado el eterno problema de las Corporaciones Autónomas (CAR) en donde aún son fortines políticos y de corrupción. Finalmente se ha hecho una crítica a la falta de coherencia del discurso de los portavoces oficiales con acciones puntuales como licencias ambientales, apoyo a cuestionables megaproyectos, políticas públicas, entre otros[1].

Pese a que la mayoría de candidatos afirman que pretenden fortalecer el SINA y lo que concierne específicamente a Mockus, Petro, Pardo e incluso Vargas Lleras en mencionar que volverán a la figura del ministerio de ambiente, la institucionalidad ambiental puede ir más allá de eso. Resulta que aquí es donde se mueve la política y la “dimensión ambiental del desarrollo”. Por lo cual sería muy importante fortalecer los mecanismos de participación ciudadana en formulación de política pública establecidos no solo en la Constitución nacional sino en la Ley 99 de 1993 (la que creó el SINA). En esto Petro ha afirmado que hay que hacer un importante énfasis.

En cuanto al tema del agua en el país, éste sigue siendo manejado por la mayoría de los candidatos desde una concepción utilitaria y tremendamente reduccionista. Nuevamente Petro se destaca de los otros candidatos y en cada intervención en la que tenga oportunidad, enfatiza que la lucha por el acceso y derecho al agua es uno de sus pilares. No es un secreto que varios de los que fueron promotores del Referendo del Agua estén apoyando la campaña de Petro. Dicha iniciativa de referendo aún se encuentra en el limbo después de muchos obstáculos puestos por el saliente Gobierno, quien se opone a un modelo de gestión del agua más acorde con las condiciones ecológicas, sociales y culturales del país. El mencionado candidato promete desarrollar a cabalidad las iniciativas expuestas en dicho referendo, y que no son otro embeleco o conspiración en contra del desarrollo, sino que representan una vigente discusión global en torno al agua.

Finalmente en cuanto al ordenamiento territorial, casi ningún candidato ha hecho una exposición explícita al respecto y en mi concepto por este tema se podrían manejar ampliamente el resto de conflictos ambientales, además de que es un asunto en deuda a nivel de política pública y gobernabilidad del Estado colombiano.  Basta con mirar dos ejemplos: (1) el impacto de megaproyectos de infraestructura vial y de comunicaciones, sin tener en consideración aspectos mínimos (legales) en impactos sociales y ambientales (ejemplo claro y reciente, el Puerto de Bahía Málaga) y (2) en cómo las ciudades en este país crecen de cualquier manera sin tener en cuenta las regiones en las cuales se encuentran y su impacto en dinámicas sociales y ecológicas. En este último punto, el único candidato que ha mencionado algo al respecto es Petro, pero nada en concreto aún.

Conclusión

Cómo vemos, el tema ambiental no es un tema que se reduce a unos temas específicos sino que esos temas en conjunto son “la dimensión ambiental de la realidad”. Igual faltó por comentar otros asuntos, como el manejo de residuos sólidos que merece una revisión en cuanto a su generación, reutilización y disposición final o los agro-combustibles. Sin embargo, quise comentar sobre los que están en boga y que curiosamente, de vez en cuando se muestran algunos titulares en las noticias. Definitivamente, se quiera o no, es un tema que atraviesa los aspectos más importantes de un país, en términos económicos, sociales, culturales y políticos.

Medio ambiente, desarrollo y política, si tienen mucho que ver. Los líderes políticos podrían incorporar esa “dimensión ambiental” en políticas públicas concretas, teniendo en cuenta que en un país como Colombia hay que resolver aspectos básicos que por “naturaleza” tocan preocupaciones ambientales como la salud, la alimentación y en general condiciones de vida dignas para la gente. Pero también en nosotros está en exigir mejores condiciones de vida, teniendo en cuenta que a la naturaleza la desterramos de nuestras vidas mezquinamente, creemos que vivimos en una abstracción social sin considerar a eso que llamamos naturaleza.

De los candidatos presidenciales, como vimos, no se ven muchas esperanzas pese a que hay algunas buenas ideas en algunos de ellos. Quizá en términos generales, Gustavo Petro (para mí) se pueda acercar a un buen candidato, porque reconoce que detrás de esas preocupaciones ambientales existen ante todo problemas y conflictos sociales y que no basta con considerarse “verde” para tener un pensamiento ambiental. Sin embargo, aún no logra convencerme del todo pues lastimosamente, para la dimensión ambiental, el debate político y buena parte de la opinión pública van por otro lado: por el lado de la pasión, la imagen, el terror, la intimidación o el mesianismo. No hay propuestas, no hay debate.

Y precisamente por no encontrar nada aún, es que en buena medida mi voto por alguno de los candidatos mencionados aún se encuentra en duda. Bueno, tendré un mes más de reflexión, pero no son suficientes las buenas intenciones. A todas estas, ¿será importante eso del medio ambiente con el desarrollo y la política?


[1] Según la última rendición de cuentas del Gobierno para el año 2008-2009, pareciera que la gestión se redujera solo a ampliar la extensión de las áreas protegidas (aspecto importante, más no suficiente) y desarrollar unas superficiales medidas sobre cambio climático. Priman los temas de vivienda y el desarrollo de infraestructura de agua potable.

MEDIO AMBIENTE, DESARROLLO Y POLÍTICA*

abril 30, 2010

*Nombre inspirado en un seminario que tomé en el segundo semestre de 2009 con Carlos Tapia.

Aprovechando la actual coyuntura electoral, compartiré algunos comentarios sobre los temas ambientales y su prioridad en los debates políticos nacionales. He decidido dividir este propósito en dos entregas. Inicialmente haré una introducción acerca de esa extraña combinación (para muchos) entre los temas ambientales, los de desarrollo y la política. En la siguiente entrega haré unos comentarios puntuales sobre qué dicen o que están proponiendo los candidatos presidenciales que reemplazarán a Álvaro Uribe Vélez sobre los temas ambientales. Así que, vamos a la primera parte.

A manera de introducción

Para el grueso de la sociedad, el manejo de los temas ambientales se reduce a lo que supuestamente hagan activistas esquizofrénicos, apocalípticos o casi animistas que se amarran a los árboles o cosas por el estilo. Cosa más alejada de la realidad. Paradójicamente, cumplida la primera década del siglo XXI, cada día se hace más evidente la estrecha relación entre la formulación de políticas públicas para el desarrollo que involucran “preocupaciones ambientales”, definiendo así lo que llaman algunos la “dimensión ambiental del desarrollo”. Medio Ambiente, Desarrollo y Política. Tres palabras que encierran grandes disputas y diferentes posturas e ideologías, pero que guardan más cosas en común de lo que la gente tiende a pensar ¿Por qué?

Hoy por hoy existen políticas nacionales, regionales y globales sobre diversas preocupaciones ambientales (agua, cambio climático, biodiversidad, etc.). Para bien o para mal, grandes líderes políticos en sus discursos incorporan esa “dimensión ambiental” y hay una “danza de los millones” entorno a productos, bienes y servicios “ecológicos”. Todas estas preocupaciones se deben a diversos cambios sociales y económicos presentes en todo el Mundo y a la importancia e influencia del movimiento ambientalista global en las decisiones políticas y económicas, especialmente desde la década de 1970. Sin embargo, estas preocupaciones sobre el medio ambiente han estado fuertemente ligadas a ideas políticas y científicas provenientes de países de Estados Unidos y Europa y que han tenido influencia en todo el Planeta ya sea para la conservación, o para un control social y político. Para ilustrar esto, veamos lo siguiente.

Los seres humanos atribuimos valores e ideas de tipo político, religioso, estético o de lo que sea, a esa materialidad física que a veces llamamos naturaleza, medio ambiente, ambiente, ecosistemas, hábitat, biodiversidad, etc. A partir de dichas representaciones y a través del manejo y transformación de la naturaleza podemos estar ejerciendo relaciones de poder no solo sobre ella, sino sobre la gente misma. Es decir, todo se reduce a la cuestión de para qué y para quienes se conservan el ambiente y sus “riquezas”.

Al respecto, existen dos creencias en el ambientalismo que entre sí son paradójicas. La primera, que la pobreza y el supuesto subdesarrollo aumentan la degradación ambiental y la segunda, que algunas comunidades especialmente rurales y alejadas de los centros de poder, son más “amigables” con el entorno. Para la primera, no siempre el asunto es así, pues en muchas ocasiones la pobreza es ocasionada por fuertes desigualdades sociales en el acceso y uso de los recursos naturales, que se profundizan aún más con la pobreza y la implementación de políticas externas para el manejo del ambiente. En cuanto a la segunda, algunas comunidades locales no “conservan” la naturaleza por que sí, sino que simplemente viven así. Aunque si pueden verse amenazadas sus formas de vida debido a la imposición de proyectos de desarrollo bajo otras ideas y políticas sobre el ambiente.

En síntesis, lo anterior nos sugiere que a lo largo de la historia, han chocado diferentes visiones sobre el manejo y la conservación del ambiente, en donde unas ideas han prevalecido más que otras, debido a razones más de tipo político. Es así que los discursos, ideas y prácticas ambientales, han sido apropiados y resignificados a su manera por organizaciones y movimientos sociales en todo el Planeta y que su acción se refleja no solo en acciones, sino en geografías como afirma el geógrafo Karl Zimmerer. Para no extenderme más en el asunto, recomiendo mucho la lectura del libro “Green Development” de W. M. Adams, en donde se recoge una importante historia de la agenda ambiental global y los temas de desarrollo y que ya va por su tercera edición, pues estos temas son candentes y dinámicos.

A pesar de esa gran influencia del movimiento ambientalista, aún se siguen presentando conflictos ambientales en el Planeta, relacionados al desarrollo humano. Como ven no nos estamos refiriendo a embelecos esquizofrénicos, caprichos ecologistas o esencialismos estúpidos. Estamos hablando de cosas básicas de las cuales dependemos para vivir como la alimentación o el mismo desarrollo cultural de la sociedad. Pese a ello, los temas ambientales o son trivializados o se convierten en discursos cosméticos para justificar inequidades sociales. Más allá de ser explícita esa dimensión ambiental en el desarrollo, esta se subordina en la prioridades del país. Su incomprensión incluso puede resultar en una falta de gobernabilidad en el manejo del territorio, que propicia conflictos ambientales. En otras palabras, se enmascara un discurso ambiguo y por momentos mentiroso de lo que es el mentado “desarrollo sostenible”.

Con esta introducción que espero sea útil para comprender lo que dicen o no dicen los candidatos a la presidencia de la República de Colombia (2010-2014), en este punto, ¿cómo ven esa relación medio ambiente, desarrollo y política?

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