“El clima es cómo el temperamento de una persona, que forma parte esencial de su personalidad. Lo que comúnmente se denomina su manera de ser. El tiempo en cambio, vendría a ser el estado de ánimo de esa persona en un momento o ante una circunstancia en particular” (Wilches-Chaux, 2007: 25).
Qué bonita forma de definir cómo se “comporta” el clima y el estado del tiempo, ¿cierto?
Pues resulta que hace más de un mes establecí contacto nuevamente con Gustavo Wilches-Chaux y muy amablemente (como siempre) me compartió gustosamente dos de su más recientes publicaciones: ¿Qu-ENOS pasa?: Guía de la RED para la Gestión Radical de Riesgos Asociados con el fenómeno ENOS (LA RED-IAI-OXFAM, 2007) y “Ese océano de aire en que vivimos” (Ministerio de Ambiente Vivienda y Desarrollo Territorial de Colombia, 2009). Personalmente siempre me place leer los escritos de Gustavo y andaba un poco “desactualizado” con su obra. Sin embargo debo confesar que me “encarretó” muchísimo más la primera publicación que la segunda. Y no estoy diciendo con ello que la cartilla del Ministerio sea mala, simplemente su función es otra y mi interés como lector también es otro.
¿Qu-ENOS pasa? me pareció muy interesante y me puso a pensar en varias cosas relacionadas a la ecología política de los conflictos y problemas ambientales y que de cierta forma la cartilla “Ese océano de aire en que vivimos” recoge pero enfocado hacia el tema del aire y el cambio climático. Esta corriente (la ecología política) proveniente de la geografía humana, ha venido haciendo fuertes y críticos planteamientos conceptuales y metodológicos a los temas ambientales. La ecología política plantea que en los asuntos ambientales (relación naturaleza-sociedad) convergen un amplio conjunto de mecanismos y procesos sociales en donde el poder circula y se esgrime en varias escalas, no solo desde un poder hegemónico, sino que produce un proceso socio-ecológico amplio, complejo a diversas escalas del espacio-tiempo.
La propuesta conceptual de la Gestión Radical del Riesgo (GRR) expuesta en la publicación es interesante, y su abordaje metodológico aún lo es más, y se encuentra descrito con un buen nivel de detalle en la publicación a través de varios estudios de caso en Colombia, Ecuador, Perú, Argentina, México y La Florida (EU) desarrollados por La Red de Estudios Sociales sobre Desastres (LA RED) bajo una metodología denominada DESINVENTAR. Es así que los resultados expuestos en el libro se vislumbra un lazo aún más fuerte entre la geografía y lo que llaman la gestión del riesgo, en donde las dinámicas ecológicas o biofísicas se entrelazan con dinámicas sociales en distintos niveles a través de uno o varios momentos en la historia de un determinado lugar. Con esto se corrobora que los “desastres naturales” no existen, sino que dichos desastres son un producto de una historia de cómo una sociedad se ha relacionado con su ambiente en cierto lugar, pero que dicha dinámica es permeada también por fenómenos sociales y ecológicos externos, por ejemplo, la influencia de una caída económica a escala global.
En una conversación que sostuve hace unos días con el profesor Andrés Guhl, comentábamos que la ecología política es un buen marco para el diagnóstico de los conflictos ambientales y que su resolución deba contemplar un manejo adaptativo en donde se reconozcan las incertidumbres y complejidades que la vida nos muestra cada día. De igual forma tener en cuenta esa “ecología cultural” que tiene una población humana para apropiarse y construir su territorio. Buena parte de los conflictos ambientales se deben a que nuestra construcción social y política de la naturaleza es aún errática, inútil y destructiva, lo cual se ve reflejado en nuestra apropiación del ambiente y la resolución de conflictos y atención de emergencias frente a eventos como los huracanes, terremotos, etc. Eso teniendo en cuenta que la naturaleza que observamos y de la cual hacemos somos partícipes es producto no solo de esa construcción, sino de cómo lo no-humano imprime su carácter en lo humano.
Para que profundizar más en los temas de ecología política recomiendo la lectura de autores como, Piers Blaikie, Harold Brookfield, Dianne Rocheleau, Richard Peet, Michael Watts, Roderick Neumman, Erik Swyngedeow, Matthew Gandy o Peter Walker. Y cada día siguen saliendo nuevos estudios…
Bueno, y para alegría de todos el libro se encuentra colgado en la página de LA RED para su libre descarga.
Saludos!
Después de haber hecho una crítica bastante dura hace ya un tiempo al tema de las concesiones de ecoturismo en varios de los Parques Nacionales Naturales en el país, y de casi haberme ganado a un “enemigo“, ya este asunto por más cuestionado que sea, con sus aciertos y desaciertos, finalmente se ha formalizado en 5 de los más de 50 Parques Nacionales Naturales del país. Y como pasó con los hipopótamos o con el tema del “calentamiento global”, esto del ecoturismo en áreas protegidas, es de esos temas que tienen resonancia en un determinado momento, pero después no se dice ni mu sobre eso. Son como modas, cuando pasan no vuelven a sonar.
Actualmente estoy haciendo estudios de posgrado en geografía, y he empezado a desarrollar muchos elementos para abordar de forma crítica los conflictos ambientales, especialmente en áreas protegidas. Pese a ello sigo pensando que el proceso de “mercantilizar” a la naturaleza e insertarla e una dinámica estricta de racionalidad económica, fortalece el proceso de simplificar nuestra relación con eso que llamamos ecosistemas, biodiversidad, áreas protegidas, etc., a través de muchas prácticas sociales, políticas y económicas y que se quiera o no, redundan en una serie de conflictos ambientales en donde unos ganan, otros ven oportunidades para resignificar el lugar en el que viven o simplemente otros pierden. Estos últimos por lo general son los más vulnerables y el asunto de la conservación, se convierte en una amenza, más que en una oportunidad. Pero por ahora no quiero ahondar en ello. Quiero contar algo que me pasó por estos días.
Resulta que planeando para un viaje que haré en enero, elegí como destino el Parque Tayrona, uno de los parques concesionados. Vamos a ver que pasa allá, si Germán Quimbayo está equivocado o no. Igual nada se pierde estando allá y conocer cómo está el asunto. Igual ese lugar es muy bonito, pese a los conflictos que tiene el territorio en el que está inmerso esa área protegida y vale la pena pegarse una “rodadita”. Entonces me decidí y quise consultar en el portal de la concesión y cruzar los dedos para que no me pasara lo mismo que me ha pasado cuando visito otros parques. Y resulta que me respondieron de forma rápida, me brindaron toda la información que solicité (precios, logística, valores del lugar, etc.) y además de ello se encuentran dispuestos a escuchar cualquier inquietud. Eso realmente me impresionó. Pero vuelvo al mismo asunto, este modelo ¿para qué o quien se conserva? ¿si traerá beneficios a las comunidades?
Espero acercarme a la aplicación de ese “modelo” y verlo en práctica. Haré mi propio ejercicio de observación crítica en campo. Espero más adelante hablar más al respecto ya que he dejado ciertas taras mentales y radicalismos pendejos. Algunos le llamaran “madurez del discurso”, otros dirán “este tipo se vendió”. Yo simplemente pienso que uno debe mirar todo el espectro de un conflicto y encontrar las piezas faltantes para armarse la película completa. Aunque aún guardo mis dudas frente al tema, quiero comprobarlo en un caso real.
Por ahora espero no solo pasarla bien en mi viaje, sino traer más elementos para confirmar (o quizá hasta refutar) todo lo que he dicho sobre eso que es “ecoturismo” y si ese tema de la “sostenibilidad” desde la lógica empresarial es o no mentira, pues obvio, los empresarios buscan ganar plata, no conservar o amar la naturaleza por altruismo.
Saludos!

Foto: usuario de Flickr "Bee Skutch". Licencia CC BY-2.0.
Lo que he venido leyendo en lo últimos meses, me ha hecho pensar que esos espacios o lugares (dependiendo desde donde lo veamos) que llamamos ecosistemas, áreas protegidas entre otros más, tienen muchos significados para nuestra sociedad. Por ejemplo, no bastaría con el hecho de declarar por ley o norma un área como “protegida” y que para ello no solo se deban tener en cuenta criterios técnicos (que son válidos) y jurídicos. En la producción de estos lugares entra en juego otro tipo de apropiaciones y dinámicas sociales: el conocimiento vivencial que poseen las personas que los habitan, y que se relacionan directamente con lo que las sociedades reconocen como ecosistemas y paisajes. En muchos casos, las poblaciones cercanas a ecosistemas de interés (como algunas áreas protegidas), ejercen presiones que propician procesos de degradación ambiental. Pero también existen casos en donde las comunidades (por lo general las que han habitado por mucho tiempo un territorio), han construido y producido el lugar en el que viven, e incluso la biodiversidad presente es producto de esa relación sociedad-naturaleza. Como me decía hace un poco un profesor, posiblemente siempre existe un solo espacio pero muchos lugares.
Eso sí no debemos caer en los extremos del determinismo ambiental o el construccionismo social (construcciones sociales de la realidad). La construcción de los espacios, lugares y territorios son dinámicas, compejas y diversas, que configuran el ambiente que vivimos y percibimos.
¿Será que existe un lugar ecológico en nuestra cotidianeidad?
Saludos.
Mucho tiempo sin escribir “formalmente” en el blog (si es que existe la formalidad en los blogs). Como se habrán podido dar cuenta, mis últimos posts y escritos que he hecho para equinoXio están dando un viraje hacia el pensamiento geográfico y es apenas obvio por los estudios de posgrado en Geografía que estoy adelantando actualmente.
Debo confesar que el estudio geográfico ha ampliado mi mirada y perspectiva ambiental, más por los aportes que ha hecho las corrientes contemporáneas de esta disciplina (ojo, no estoy hablando de posmodernismo), que veo tiende a ser más una in-disciplina. Con este argumento, la Geografía no solamente para mí sino para muchos, es una ciencia ambiental. Sus objetos de investigación se enfocan en la relación sociedad-naturaleza, reflejada en la producción dinámica de espacios y lugares, con todo lo que esto implica en términos de cambios ecológicos, sociales, políticos y culturales.
Definitivamente el conocer la historia de un territorio, sus espacios y lugares de encuentro cultural y ecológico, es fundamental para acercarnos a cómo vemos y vivimos dicho territorio. Aprovechando estos argumentos, recomiendo mucho la lectura del libro “Historia ambiental de Bogotá y la Sabana, 1850-2005″ (Germán Palacio -Ed-.) (Universidad Nacional de Colombia-IMANI-, 2008). En esta publicación se comenta a lo largo de varios artículos en cómo lo “verde” se ha insertado en lo urbano, además de qué forma las territorialidades urbanas y rurales han cambiado dependiendo del uso y apropiación del suelo y de cómo los encuentros y conflictos por la oferta ambiental de la Sábana han configurado su actual estado ambiental.

Carátula del Libro, editado por Germán Palacio Castañeda.
Definitivamente la ciudad que vemos actualmente y su región circundante, son el producto de esa serie de apropiaciones y re-apropiaciones que ha hecho la sociedad con la naturaleza de su territorio y el conjunto de prácticas, técnicas y discursos que han operado para tal fin, reflejadas a su vez en el paisaje que hoy vemos en cerros, humedales y otros espacios y lugares de la ciudad.
Ese es el tipo de reflexiones que nos brinda el pensamiento geográfico para comprender de mejor manera nuestro entorno y dejar de creer en tanto mito sobre “buenos salvajes” “naturalezas vírgenes” o “calentamientos globales”. Pero lo que si no debemos perder de vista, es que la especie humana ocasiona intervenciones medibles en cambios sobre el entorno y que no siempre son “malos”. Si comprendieramos que la especie humana es una especie más que integra este Planeta, el asunto ambiental pasaría a ser tratado sin tanta calentura. Pero para ello debemos recurrir a la memoria no solo nuestra sino del espacio físico que habitamos y resignificamos.
Saludos.
Mientras la ciudad debate la cuestionada gestión de la actual administración distrital, especialmente en temas como la movilidad, el espacio público y varios temas acerca del mal manejo de dineros públicos, existe un tema que se viene dejando de lado y que solo una especie de secta parece venir discutiendo y es el tema de la revisión del Plan de Ordenamiento Territorial de Bogotá, que tiene que ver con todos esos temas en discusión, pero cuyo debate grueso (el del POT) es el tema “ambiental” .
Me refiero a secta porque son los mismos sectores sociales, ambientalistas y académicos que los discuten y no la ciudadanía en general. Pese a que se debe reconocer que la administración distrital abrió un espacio desde el año pasado para que la revisión del POT fuera participativa, la sensación de muchos sectores sociales, es que el proceso no ha sido así y que han primado el afán de otros sectores, especialmente por los urbanistas, por hacer una revisión superficial (esto lo digo por lo que he visto en diveros foros a los que he asistido y de personas que conozco que han estado metido en este cuento).
Existe un problema estructural en el tema de la participación social y política en nuestra sociedad y de poder influir en la construcción de nuestra ciudad con todo el patrimonio ecológico y cultural que aún aguarda en su territorio. Respecto a esto, tarde o temprano Bogotá y su región circundante, tendrá el efecto de Ciudad de México, si no se toman medidas ahora y si la gente del común no conoce sobre el tema.
¿Que opinan? ¿Que podrá estar sucediendo en Bogotá?

Vista de Bogotá. Sector del antiguo pueblo de Usme. Foto: Lorena Sofía Correa (2009).
“Decir que la escasez (de recursos naturales) reside en la naturaleza y que los límites naturales existen, es ignorar cómo esa escasez es socialmente producida y cómo los ‘límites’ son una relación social dentro de la naturaleza (incluyendo a la sociedad humana), en lugar de ser una necesidad externamente impuesta“
Esto lo dijo David Harvey, influyente geógrafo en su obra de 1996, Justice, Nature and the Geography or Difference.
La primera semana de junio siempre se caracteriza por tener al día 5 como el día mundial del ambiente. Este año las Naciones Unidas y su Programa para el tema ambiental afirman que las celebraciones se enfocarán, una vez más, al tema del cambio climático. Según las fuentes informativas, esto se debe para que la “ciudadanía global” haga presión para cerrar filas entorno a la conferencia sobre cambio climático de fin de año que se realizará en Copenhague, definitiva para la agenda global sobre cambio climático.
Mientras tanto acá en Bogotá, según un acuerdo distrital, cada año se celebra la “Semana Distrital Ambiental”, en donde diversas instituciones también celebrarán estas fechas. Pero el tema esta semana en el Distrito Capital se centrará en la contaminación auditiva.
No se, pero para mí todos estos temas y celebraciones, cada año parecieran redundar y no se hace nada. (como pareciera redundar yo siempre con la misma cantaleta). Hay mucho ruido, mucha buena intención. El discurso institucional no cambia para nada los problemas estructurales. La participación ciudadana aún es débil, nuestro modo de vida y nuestros hábitos de consumo desenfrenado no cambian, con todo y que estamos en plena crisis económica.
Todo esto porque seguimos pensando que la única vía es creer que el ambiente, los ecosistemas y la naturaleza son cosas paralelas al ser humano, ajenas a este. Es un discurso conveniente, difundido y diseminado para sustentar intereses económicos y políticos de unas pocas manos. Es cierto que los problemas y conflictos ambientales son eminentemente humanos, pero el respeto a las otras formas de vida que aguarda el Planeta y sus dinámicas asociadas, nos compete de una u otra forma. Así sea para garantizar nuestra persistencia como especie.
¿Cerrando filas o pañitos de agua tibia al problema?
Con esta reflexión, quiero dejar varias inquietudes para esta semana.
¿El cambio climático realmente nos está ayudando a sentar cabeza, o es un discurso conveniente?
¿El tema ambiental ha sido posicionado o más bien se ha trivializado y manipulado?
¿Cuáles son los problemas estructurales? ¿De tipo económico, social o político?
¿Realmente han sido reconocidos o son ocultados a través de estos discursos y posturas convenientes sobre el ambiente?
Ustedes opinan.
Hola a todos.
Tiempo sin escribir por acá y en general sin escribir como lo hacía antes (y me refiero a mi columna en equinoXio). Diversas razones académicas y laborales me lo han impedido. Espero poder mantener cierto ritmo de escritura, pues hacer el posgrado y trabajar no ha sido fácil (lo cual no quiere decir que no esté contento y ocupado
).
Pero bueno, por ahora quiero compartir algunas lecturas y cosas que me he encontrado últimamente y que pueden ser útiles para todos.
*El pasado 22 de mayo se celebró mundialmente el día de la biodiversidad. ¿Sabe usted qué es una especie exótica invasora? Pues la UICN y su grupo de especialistas se lo describen de forma sencilla y clara, pues este tema de las especies exóticas-invasoras está representando la segunda causa de pérdida de biodiversidad en el mundo.
*Recomiendo la lectura de la lectura de este artículo llamado “Local claims, international standards, and the human right to water” (Reivindiaciones locales, modelos internacionales y el derecho humano al agua) de Paul Nelson, que aparece en el libro “The International Struggle for New Human Rights” (La Lucha Internacional por los Nuevos Derechos Humanos), disponible en Google Books (Gracias señor Olaya por el dato). Esta lectura está apenas para los que aún piensan que la lucha por el agua como un derecho fundamental es un embeleco de ambientalistas paranóicos o algo así.
*Finalmente, hablando de ambientalistas paranóicos y discurso ambientalistas, el estar estudiando geografía me ha hecho ampliar la mirada sobre el tema ambiental. Personalmente el pensamiento geográfico contemporáneo puede dar muchas pistas para comprender como se maneja la actual agenda ambientalista mundial y bajo qué intereses es manejada o en ciertos casos manipulada a ciertos intereses. Bueno, espero hacer un escrito más amplio al respecto y compartirlo, pero como adelanto, recomiendo mucho la lectura de este libro: “Key concepts in Geography” (ese si toca levantárselo en Amazon u otro lado) en donde se debaten conceptos que usualmente usamos deliberadamente pero que dependiendo su uso tienen distintas implicaciones: espacio, lugar, tiempo, naturaleza, paisaje, entre otros son los conceptos debatidos desde el pensamiento geográfico. ¿Vale la pena no?
Espero seguir escribiendo y seguir compartiendo elementos para entender lo que pasa con la “movida ambiental”.
Saludos.


